sábado, 1 de noviembre de 2014

Restaurante Sukam

Le teníamos echado el ojo desde hacía tiempo, pero por una cosa o por otra no habíamos encontrado el momento para disfrutarlo con calma.

Hace un par de meses por fin llegó ese día. Y vaya si lo disfrutamos, aunque fuera contrarreloj, como viene siendo habitual en este status de conciliación que compartimos.

El restaurante está ubicado cerca del emblemático Puente Colgante, así que ya el entorno invita a un espacio recogido para charlar, de esos de café humeante mientras el cristal se humedece con la lluvia de otoño, y fuera, tras la ventana, se difumina la barcaza del Puente surcando la ría, una y otra vez, en un tono blancoynegro.

Se trata de un local minimalistas, de esos que se llevan ahora. Me llamó la atención que no tenia un servicio de camarero muy abundante, lo que no obstaculizaba en absoluto un servicio rápido e impecable. Me gustó mucho cómo la persona que nos atendió dedicó su tiempo a explicarnos la filosofía del restaurante, cuyo objetivo no es que revientes a comer y luego lo pagues, sino que disfrutes con la comida sin que te salga por las orejas, armonizando correctamente la sinfonía de sabores, y además, sin que te salga un riñón. Que vale que no es para todos los días, pero la opción no es tan descabellada como otros restaurantes del entorno, y la comida merece la pena. Y mucho.

Siguiendo los consejos del camarero, nos inclinamos por un menú de dos platos y otro de un plato, combinando todo ello para compartir. Lo interesante de la propuesta es que no hay orden, aquí se pide como se quiere, y si seguís la sugerencia de quien os atienda, os termina por orquestar la sinfonía de sabores para que todo entre como tiene que entrar.

Elegimos un ensalada de pollo y hortalizas con vinagreta de cacahuetes, coco y cilantro estilo thai. A mí las ensaladas me encantan, sobre todo esas raras que se salen de la tradicional de verano en el pueblo, y que se arriesgan a fusionar sabores. Esta es una de esas que me van, me van.

 
Continuamos después con tartar de atún rojo. Riquísimo. Las raciones hay que decir que eran de degustación, pero al combinar en la boca la fusión de sabores que se proponía en el plato te quedabas satisfecho.

 
Después llegaron las carrilleras. Esto fue recomendación del camarero porque yo no soy amiga de la carne guisada, y estábamos más por la opción de las mini hamburguesas, que nos habían recomendado.  Sin embargo, tengo que reconocer que estaban deliciosas, se deshacían en la boca, sin encontrarte con esas gelatinas que tanto asquete me dan.

 
Y por último, el postre. Ya he dicho alguna vez que esto es de lo que más me gusta en el menú porque según cómo sea da el cierre de gracia a la comida y te permite recordarla gratamente. Yo pedí el chococobre, una especie de mousse de chocolate negro muy intenso aunque contundente. Y Agus eligió lo que aparece en imagen, cheesecake con crumble y helado de galleta. Yo probé los dos (como solemos hacer, je), y me gustó más el de Agus porque llenaba menos.


Esto más los cafés, nos salió en torno a los 40 euros, lo que considero que está bastante bien, estando donde está, y con la comida que ofrece.

Un sitio más que recomendable para pasar un rato tranquilo y agradable disfrutando de una muy acertada fusión gastronómica.

Enhorabuena.

lunes, 24 de marzo de 2014

Posada Aqua Viva en Castro Urdiales

Hace ya unas semanas que fue oficialmente nuestro aniversario de boda, y Agus me regaló una sesión de spa en la Posada Aqua Viva, en Castro Urdiales. Recuerdos a miles llegaban a nuestra memoria al aparcar nuestro coche allí, tan cerca de lo que fue nuestro antiguo hogar.

La posada resulta acogedora en su conjunto, y el personal fue muy atento y sobre todo paciente con nosotros, habida cuenta de las vicisitudes que tuvimos hasta poder disfrutar plenamente de la sesión (llegamos tarde, olvidamos el traje de baño y hubo que bajar al pueblo a comparar uno, ...).

El recinto habilitado como spa es pequeño: jacuzzi, pequeña piscina de chorros, baño turco, opción de masajes, y posibilidad de infusiones.

La sensación general es que el transcurso del tiempo no ha sido en vano, y hay múltiples cosas que convendría mejorar en lo que a mantenimiento se refiere, para poder mantener el interés de la posible clientela.

A saber:

- En los vestuarios, muchas bombillas estaban fundidas o sencillamente no estaban. Había percheros rotos, y algunas puertas de baños/duchas no cerraban.

- Los chorros de la piscina no funcionaban, o lo hacían muy débilmente. No nos quedó claro si era por un fallo del sistema o porque estábamos solamente dos parejas en ese momento.

- El agua para preparar la infusión no se suministraba caliente. Lo que nos generó la misma duda que en el párrafo anterior.

En definitiva, la posada es bonita, y en su momento fue una estupenda opción para relajarse. Probablemente lo seguirá siendo, pero desde nuestro punto de vista no estaría mal una sesión de mantenimiento para lavarle la cara y no dejar al visitante la sensación de que ha estado bien, pero hubiera estado mejor si...

Apartamentos Rincones del Vino en Ezcaray

Este fin de semana hemos pasado una estancia sumamente agradable en Ezcaray, con motivo de nuestro sexto aniversario. Mi objetivo, que Agus, amante empedernido de esta localidad montañera, conservara para siempre el grato recuerdo de ver en él a sus hijas Leire y June, tocar la nieve por primera vez.

Sin duda, uno de los elementos que ha contribuido a que mis expectativas quedaran más que satisfechas, fue sin duda la elección del alojamiento. No fue algo premeditado, confieso que la elección fue sencillamente porque, pese a la crisis, no había ningún sitio libre de los que ya conocía, y las imágenes de estos apartamentos, así como las opiniones, no tenían mala pinta.

Y vaya que no la tenían.

Sencillamente, perfectos. Recientemente inaugurados, el acceso a los apartamentos se hace por un antiguo portón de madera que nos conduce a una galería exterior con una casita donde se albergan los encargados, y un pozo a la antigua usanza.

Los apartamentos, equipados al detalle, en nuestro caso un ático de dos habitaciones y un espacio diáfano que hacía las veces de salón y de cocina-comedor, equipado con todo lo imaginable.

Servicio de café y galletas a nuestra disposición. Así como bañera y cuna, trona y alfombra de juegos si hubiera sido preciso, sin cargo (en el caso de la cuna, si llevábamos nosotros la ropa de cama). Así como un 10% de descuento en el restaurante, en el supuesto de utilizarlo.

Flanqueado por ventanales en toda la estancia, muy luminoso, con muchos, muchos detalles que lo personalizaban sin caer en la exageración.

¿Pegas? Ninguna. Tal vez la cama de matrimonio un poco pequeña, y que no había horno, lo que trastocó un poco la cena. Pero detalles nimios al fin y al cabo, que no deslucen en absoluto un entorno sumamente recomendable, para repetir si hay opción, sin dudarlo.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Restaurante La Arboleda en Castro Urdiales

Castro Urdiales siempre me ha deparado gratas sorpresas. Y aún hoy, cuando pasan ya dos años desde que lo abandonamos, con mucha morriña que aún me lastra, es capaz de sorprenderme.

En esta ocasión, fue en nuestro sexto aniversario de bodas, que Agus tuvo el enorme acierto de celebrar con una placentera comida en el restaurante La Arboleda, en la calle Ardigales, en pleno hervidero de este hermoso pueblo pesquero.

Confieso que esta era la opción que menos posibilidades tenía de entrar en mi baraja de posibles destinos gastronómicos para esa fecha señalada. Un local que había pasado de largo en tantas ocasiones, desapercibido a mis sentidos en medio de una inmensa oferta culinaria de lo más variada.

Y sin embargo, ahí estaba.

El local respira cercanía y familiaridad. Tal vez un poco pequeño, pero como dice aquel, en frasco pequeño está el mejor perfume. Tal vez las mesas un poco juntas unas con otras, pero una vez inmerso en el desfile de platos, la verdad es que no te das cuenta de quién está a tu lado.

Destaco el servicio, excelente, una atención permanente y correcta, que resulta cercana y familiar sin caer en el empalago. Ciertamente se agradece esta forma de tratar al personal, frente a pijerías de restaurantes cool, que tratan al cliente con corrección pero con tanta frialdad, que parece que dan más atención al plato que a quien lo va a degustar.

Nosotros íbamos de la mano virtual de Jaume, y desde aquí tengo que agradecerle su recomendación. El desfile de platos fue espectacular: jamón cortado a cuchillo, chopitos, almejas finas, gambas de Huelva, nécora a la plancha, pulpo a la gallega, foie templado con sus confituras, un rodaballo al horno que saltaban las lágrimas... Acompañado de un albariño en su punto. Todo estaba perfecto, me gustaron especialmente las confituras que acompañaban al foie, en concreto la de naranja, con un contraste de sabores y texturas que no había probado hasta ahora. El pulpo estaba perfecto, así como la nécora y las almejas, y eso que no soy muy amiga de ellas.

Como colofón, el postre. Una tarta de la pastelería Baranda, en mi opinión la mejor de Castro Urdiales. La verdad es que la variedad de postre no hace justicia a la calidad del menú en general que ofrece el restaurante. Quiero decir con esto que aunque la tarta estaba buena, se echaba de menos un poco más de variedad. Eso sí, las bolas de helado (vainilla y coco), nos encantaron. Cremosas, sin hielo... deliciosas.

Para terminar, café y chupito regalo de la casa que desistimos amablemente porque el deber nos llamaba (recoger a las peques).

En resumen, un restaurante más que recomendable para darse un homenaje y salir bien comido, sin sensación de haber zampado para el resto de tu vida, y con ganas de volver y seguir buceando en el buen hacer de la cocina de La Arboleda.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Restaurante Dandaka en Erandio

Erandio Goikoa es un hermoso entorno del Gran Bilbao, ubicado entre autopistas, corredores y polígonos industriales. Un pequeño pulmón donde se ubica Dandaka, grata sorpresa para los paladares amantes de la buena mesa, apta para todos los bolsillos.

Dandaka se localiza junto a la iglesia del Erandio Goikoa, en un pequeño y coqueto caserío que está repleto de clientes a cualquier hora, lo que no deja de ser buena señal.

Su menú del día, por 10,50 euros, ofrece calidad en los platos y cantidades generosas, bien servidas por un personal muy simpático y atento, ágil en el servicio y amable, lo que no deja de agradecerse en tiempos como los actuales, donde el avinagramiento generalizado del carácter empieza a ser la tónica general. Vamos, con gente así te entra aún más hambre si cabe.

Disponen también de menús especiales, de fin de semana u concertados para grupos.

Nosotros optamos por el menú del día, un risotto con hongos y alcachofas a la riojana, muy bueno y en su punto. Me refiero con esto que no estaba ni frío ni hirviendo, directo al paladar.

De segundo, pollo asado uno, y escalope el otro. Ambos deliciosos.

Postres, cuajada y tarta de tres chocolates. A lo mejor la sección postre la noté un poco floja, ya sabéis que para mí esta parte de la comida es la más atractiva. Pero vamos, en general, me gustó bastante, creo que es un sitio perfecto para comer si tienes que trabajar cerca, o te apetece comer tranquilamente con familiares o conocidos. Sirven rápido, atienden bien, y la comida es adecuada.

Eso sí, el café en el bar, no se puede en el comedor. Signo de cómo andan de gente todos los días.

Recomendable.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Restaurante Pulcinella en Getxo

Le teníamos ganas desde hacía ya tiempo, y el pasado viernes, por fin, pudimos degustar algunos de los platos del Restaurante Pulcinella, en Las Arenas (Getxo).

Es un restaurante pequeño, con comedor situado en la planta superior. La de abajo es un bar que no evoca demasiado a la mamma Italia, con buena barra de pintxos y posibilidad de take away.

La carta del restaurante es inmensa, con todo tipo de platos para recorrer despacio la cartografía gastronómica del país de la bota. Nosotros nos dejamos recomendar por el dueño, Agustín, y la verdad es que fue todo un acierto.

De primero, una focaccia de jamón y queso con rúcula, deliciosa y en su punto.
Después, dos segundos, ambos de pasta. Una pasta rellena de espinacas con salsa de hongos y boletus edulis, aderezada por un aceite de trufa. Y espagueti con marisco. Del primero destaco que estaban al punto, y servidos en la ración justa para quedarte a gusto sin llenarte. Y del segundo, aunque no soy muy fan de los mejillones, reconozco que era un plato exquisito, con buena calidad en el marisco, servido de forma muy original (sobre un papel de plata envuelto a modo de pez), y destacando la salsa de tomate, casera y deliciosa.

Y luego, los postres. Un canoli siciliano, y una tarta mascarpone que casi nos hace llorar. Lo cierto es que ambos estaban riquísimos, evocando con sus sabores nuestras estancias por tierras italianas. 

Finalmente, café, y una rosa para mí. La cuenta, para Agus  :-).

En resumen, un sitio más que recomendable para trasladarte a la auténtica comida italiana, bien servido, bien cocinado, con excelente calidad en los ingredientes. Para repetir.

lunes, 22 de abril de 2013

Restaurante Ruperto en Amurrio

El pasado día 24 de marzo, visitamos Amurrio con motivo de su feria de minerales y, a la hora de comer, acudimos por casualidad al Restaurante Ruperto. Fue como digo algo fortuito, resultado de las pesquisas de Agus, pero he de confesar que fue todo un acierto.

Este restaurante se encuentra en las afueras del núcleo urbano, en el barrio San Roque, en un coqueto caserío adaptado a los tiempos en medio de un enclave pastoril, rodeado de montañas y otros caseríos.

Como bien dice en su sitio web, su especialidad son las alubias, que circulan en un humeante perolo de barro a lo largo y ancho de su comedor, amplio como pocos, y repleto de gente. Junto al perolo, inseparable el bote de guindillas, que hace las delicias de los comensales.

Nosotros íbamos con las niñas, y optamos por el menú especial, que incluía espárragos dos salsas, tabla de ibéricos, paté, fritos variados, y luego segundo a elegir (carne o pescado), junto al postre, todo por 25 euros. Además había un menú de fin de semana, creo recordar que en torno a los 16 euros, donde te daban paellas, alubias y ensalada, es decir, que te ponían el perolo en la mesa y comías lo que querías, y luego el segundo y el postre.

En suma, un restaurante de esos que te cuentan que existe y que no te crees hasta que vas, un sitio campechano, donde la gente no aspira a innovaciones culinarias de innombrables descripciones, sino que lo que quiere es una comida de la de siempre, bien servida, en un ambiente de los de siempre.

Muy recomendable.